La leche de macadamia es una emulsión vegetal obtenida al mezclar las nueces de macadamia con agua, dando lugar a un líquido de textura suave, cremosa y color claro. No contiene lácteos, sino que su nombre proviene de su apariencia similar a la leche y su alto valor nutritivo. Es una fuente natural de ácidos grasos esenciales, vitaminas y minerales, lo que la convierte en un ingrediente ideal para nutrir, hidratar y proteger la piel y el cabello de manera natural.
La leche de macadamia es rica en ácidos grasos monoinsaturados, vitamina E y minerales como zinc y magnesio, que ayudan a mantener la elasticidad y suavidad de la piel. Sus propiedades hidratantes y nutritivas favorecen la regeneración celular, suavizan, calman y aportan un aspecto saludable. En el cabello, fortalece la fibra capilar, aporta brillo y protege contra la sequedad, el encrespamiento y los daños ambientales, dejando el cabello suave y manejable.
La leche de macadamia puede aplicarse directamente sobre la piel o el cabello como tratamiento hidratante y nutritivo, o integrarse en formulaciones naturales como mascarillas, cremas, lociones, champús o acondicionadores. Combinada con ingredientes como miel, aloe vera, avena o aceites vegetales, potencia sus efectos reparadores y suavizantes. Su textura cremosa se absorbe fácilmente, dejando una sensación de suavidad, frescura y bienestar.
Se recomienda utilizar la leche de macadamia fresca o en formulaciones naturales, conservándola en un lugar fresco y protegido de la luz para mantener sus propiedades nutritivas e hidratantes. Es adecuada para todo tipo de piel y cabello, aunque resulta especialmente beneficiosa para los secos, dañados o sensibles. Para obtener los mejores resultados, aplicar sobre piel o cabello limpios, masajeando suavemente hasta su completa absorción, favoreciendo su efecto nutritivo, hidratante y protector.